Ahorrar no es fácil… pero es sencillo (y para todos), ¿cómo?

Aunque suenan parecido y en esencia ambas palabras sugieren un esfuerzo menor, si de ahorrar tu dinero se trata, fácil y sencillo no significan lo mismo. Y conocer esa diferencia puede cambiarlo todo.

Hay que aceptarlo: ahorrar nunca ha sido fácil para nadie. O casi nadie. Y menos en tiempos y circunstancias en las que el viento a veces no corre a nuestro favor: pagar cuentas, cubrir gastos, un par de salidas necesarias a comer, transporte, abonar a nuestras deudas… y de pronto, la quincena volvió a volar sin tener la oportunidad de guardar siquiera algo extra para imprevistos.

Adicional a esto habría que encarar esa realidad a la que alude la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2018: ocho de cada 10 Españoles se conforma con guardar el dinero que le sobra y los dos restantes fijan un porcentaje de su ingreso para un ahorro constante. Y no sólo eso: del total de la población, el 63.2% de los Españoles usamos métodos de ahorro informal, y como tal, la mayoría de las veces ineficaz (alcancías, tandas o guardaditos bajo del colchón).

Por si esto no fuera poco, y amén de que es síntoma de un panorama a todas luces complejo, habría que hacer frente al mal de fondo: no solemos tener cultura del ahorro; no sólo porque es difícil, sino porque no estamos acostumbrados, nos cuesta la disciplina. En cierto sentido es comprensible: nos esforzamos mucho y en ocasiones no ganamos como merecemos o quisiéramos, lo normal es que esos pequeños momentos de recompensa valgan la pena ser disfrutados y gastados.

Ahorrar nunca ha sido fácil. Sin embargo, en lo más sencillo suele habitar la respuesta idónea y la medida exacta en la que nuestros problemas pueden ser solucionados. Pero, ¿qué es lo fácil y qué es lo sencillo? Tomemos como punto de partida el dinero de tu nómina y el objetivo de, ahora sí, ahorrar en serio para lograr eso que deseas, llámalo como quieras: un viaje a la playa, liberar deudas de forma definitiva, dar el enganche de un auto, etc.

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En ese sentido, lo fácil es pensar que, guardando un mes sí, pero otro no, esta quincena un porcentaje mayor de nuestra nómina y el que viene nada, de forma casi autómata, vamos a lograr una buena suma en algún momento. Falso. El ahorrar más de lo que puedes no te va a llevar muy lejos porque comprometerás el capital que usas para gastos más imperantes, pero el ahorrar muy poco también te dejará a medio camino, uno que lucirá cada vez más y más largo.

Lo sencillo es tener siempre un plan sobre el cual actuar, sobre tres preguntas estratégicas y un esquema básico inicial. Esas preguntas son: ¿qué quiero lograr?, ¿en cuánto tiempo? y ¿cuánto tengo? Así, el esquema base recomendable para no detonar un desfalco: 50/20/30. Esto es 50% para tus gastos elementales, 20% o más para ahorro y el 30% para tus gastos más personales.

Vicente Parra

4 MÉTODOS PARA AHORRAR EN CASA

Día 25 del mes. Entras a tu banco a distancia. Compruebas tus cuentas y…¡cuidado!, ya has gastado más de lo que has ingresado. Sin reparar en ello has hecho realidad la expresión “no llego a fin de mes”. Es más, para tu cuenta corriente el fin de mes ha llegado por anticipado.

 

El ahorro es una de nuestras grandes preocupaciones. Todos queremos ahorrar. Muchos lo intentamos, pero finalmente acabamos derrochando más de lo debido. y lo peor de todo, no somos conscientes de las razones que nos impiden dejar nuestra cuenta en cifras positivas a fin de mes.

 

Automotivación para el cambio. Ese debería ser el primero de los propósitos.

 

Objetivos. Fijar una meta a final de cada mes debería ser la segunda de las decisiones.

 

Pero, si tengo un fin preestablecido y una actitud propensa al ahorro, ¿cómo hago para poder mejorar mis números mensuales?

 

Por suerte, internet y una serie de diferentes métodos de ahorro nos brindan grandes ideas ante nuestra desorientación para emprender la misión de salvación económica. Huchas, cuadernos o retos lanzados a través de la red nos dan claves para, al menos, empezar a equilibrar ganancias y gastos sin excesivas complicaciones.

 

¿Por qué no intentarlo? Kakebo, el método japonés para el ahorro no hace falta ser un maestro de las finanzas para llevar al día tus cuentas.

 

Esto es, básicamente, lo que viene a decirnos el denominado Kakebo. Este método para el ahorro nace en Japón a principios del siglo XX de la mano de la periodista Motoko Hani. En su origen tenía el propósito de que las mujeres japonesas pudiesen ejercer cierto control sobre el dinero que entraba mensualmente al hogar, ganando así independencia.

 

El Kakebo o libro de cuentas para la economía doméstica no deja de ser una agenda anual pero adaptada a la economía particular o del hogar. Una herramienta para anotar los gastos día a día para así poder ver sobre el papel todos los movimientos, por pequeños que sean, de nuestra vida diaria. Una de sus particularidades es su organización en categorías, que hace más llevadera la tarea de cumplir a rajatabla con el registro de las finanzas. Son tres categorías: 

 

Supervivencia. Donde se deben anotar gastos como comida, transporte, etc.

 

 

• Ocio. Para aquellos pequeños caprichos como ropa, cafés, etc.

 

• Cultura y extras. Para apuntar gastos imprevistos o la inversión en un libro o una     película.

 

Los datos del balance mensual que nos arroja el Kakebo, seguramente nos darán la fórmula para cambiar hábitos de consumo y poder empezar a ahorrar. Requiere constancia, sí, pero es una herramienta de gran utilidad para ser conscientes de nuestros gastos. El Kakebo es un instrumento de ahorro muy común en Japón y que desde hace unos años se ha extendido por toda Europa. La hucha del cambio es muy sencillo. Compra una hucha. No hace falta que sea la típica hucha de cerámica con forma de cerdito, aunque ésta es tan válida como cualquier otra. Déjala en un sitio visible y localizado. A ser posible próxima a ese rincón donde suele dejar diariamente tu cartera o monedero.

 

Cuando llegues a casa tras hacer la compra, coge las monedas que te han dado como cambio e introdúcelas en la hucha. O simplemente comprueba las monedas sueltas que han quedado en tu bolsillo al final del día e insértalas por la ranura de la hucha. Realiza esta acción con constancia y rutinariamente. Pasado un tiempo, haz recuento de lo acumulado en la hucha. Seguro que te llevas una grata sorpresa que te hace ser consciente de que ahorrar no es misión imposible. La “hucha del cambio” admite además creatividad y originalidad por parte de quien la usa. Guarda solo las monedas de céntimos. Mete en la hucha las monedas equivalentes a ese café que ayer no tomaste. O introduce la cantidad equivalente a lo que gastas en compras diarias como un diario de prensa o un paquete de tabaco.

 

El reto de las 52 semanas Volvemos a citar a las huchas como instrumento de ahorro para la economía doméstica. Las huchas también son las protagonistas en el llamado “reto de las 52 semanas“. Un método sencillo que permite ahorrar anualmente la cantidad exacta de 1.378 euros. Ni más ni menos. La operación requiere perseverancia para ahorrar durante todas las semanas del año. Su funcionamiento es simple: la primera semana del año habrá que ahorrar 1 euro. La semana 2 se deberán meter en la hucha 2 euros. La tercera semana, 3 euros. Así sucesivamente hasta la semana 52 y última del año, donde habrá que introducir, efectivamente, 52 euros.

 

Puedes pensar que durante los últimos meses del año sea complicado hacer posible el ahorro. Sin embargo existen variantes al “reto de las 52 semanas”, como por ejemplo, hacerlo a la inversa (52 euros la primera semana, 51 la segunda semana…) o establecer un cuadrante con 52 apartados e introducir aleatoriamente las cantidades según nuestras posibilidades semanales e ir tachándolas en el cuadrante conforme se vayan guardando en la hucha.

 

El proyecto 333 ¿Podrías vivir solo con 33 prendas durante 3 meses? Este experimento trata de buscar el minimalismo y la simplificación material en nuestras vidas. De transmitir el mensaje de “menos es más”. Y especialmente, y he aquí su relación con el ahorro económico, de evitar el consumismo de ese tipo de prendas que adquirimos compulsivamente. ¿Para qué comprar otro pantalón vaquero si ya tienes uno? Según las reglas del proyecto o reto 333, cada 3 meses escogeremos 33 prendas (pijamas, ropa interior, ropa deportiva o ropa de hogar no se consideran prendas para el reto) que serán las que compongan nuestro armario. Guardando el resto de nuestra ropa en un lugar de difícil acceso.

 

Los que han probado este reto han reflexionado sobre el exceso y el consumo en sus vidas, así como han valorado el orden que conlleva para el hogar. Elige un método de ahorro y ponte con él Kakebo, hucha del cambio, reto de las 52 semanas o proyecto 333. Elige el reto de ahorro que más se acerque a tus preferencias y posibilidades y ponte con él. El nuevo año es una ocasión perfecta para mejorar tu economía y a la vez poner a prueba tu tesón, constancia y entrega.

 

Vicente Parra

Claramente cuál es la importancia de hacer el esfuerzo y ahorrar.

¿Qué podemos responder si alguien nos pregunta qué es el ahorro?

 

En términos prácticos, es la parte de nuestro ingreso que no destinamos a gastar y conservamos para el futuro con diversos fines como pagar un gasto futuro, hacer una compra importante, invertir en un negocio, resolver emergencias de salud, etc. Ahorrar dinero y crear un fondo de ahorros son algunas de las metas financieras personales que todos tenemos.

 

Sin embargo a medida que pasa el tiempo y llegan las obligaciones, este propósito de ahorro parece quedar en el olvido.

 

Cuando hablamos de ahorrar dinero, siempre encontramos excusas para justificar no cumplir con las metas financieras que nos hemos propuesto.

 

Pocos ahorran de una forma disciplinada y constante para un fin mayor como mejorar el nivel de vida, emprender un negocio o algo que nos acerque a ganar nuestra libertad financiera.

 

La mayoría de las personas solo reciben su dinero y lo gastan sin ahorrar absolutamente nada. Muchas personas no solamente gastan todo sino que se endeudan adquiriendo artículos que realmente no necesitan, cayendo en un círculo vicioso de comprar y luego pagar, haciendo uso indiscriminado de sus tarjetas de crédito, debido a que muchas instituciones financieras estimulan, a través de la publicidad, el consumo permanente de todo tipo de cosas, productos y servicios y ofrecen facilidades para obtener líneas de crédito que, después, se convierten en serios problemas financieros que afectan la seguridad de la familia y la estabilidad emocional del individuo.

 

Una de las razones por las cuales es muy difícil incentivar la cultura del ahorro en nuestro medio es el bajo salario de la mayoría de personas, sean o no profesionales. Y como la publicidad ejerce mucho poder persuasivo en las personas, las tarjetas de crédito surgen como una solución inmediata a esta falta de liquidez pero eso, a la larga, es una fuente de problemas que afectan la calidad de vida de aquellas personas que terminan gastando más de lo que pueden pagar en proporción a sus ingresos.

 

Por eso es necesario estimular la cultura del ahorro para contar siempre con un fondo personal que nos permita afrontar situaciones de las que nadie está libre, como por ejemplo perder el trabajo y pasar largos meses sin conseguir uno nuevo, sufrir un accidente o una enfermedad que exija grandes desembolsos de dinero, etc. Si ponemos estas situaciones en la balanza, entenderemos que son más importantes que otras actividades, quizás más placenteras en algunos casos, pero que no son de primera necesidad.

 

Es necesario fomentar la conciencia de mantener un equilibrio entre los ingresos y los gastos e ir generando excedentes para el futuro.

 

Vicente Parra

LOS PIAS Y LOS PPA

Los formatos para ahorrar a través de un seguro son variados y, en ocasiones, algo confusos: planes de previsión asegurados (PPA), seguros de rentas vitalicias, planes individuales de ahorro sistemático (PIAS), El común denominador de todos estos productos es que, junto con el sustrato financiero (aportar un capital para que genere un cierto rendimiento), siempre hay asociado un seguro de vida, que indemnizará a los herederos en caso de fallecimiento del ahorrador. Cada uno de los formatos es conveniente para una determinada situación vital.

 

Vicente Parra