El seguro de decesos y el de vida sirven para cosas distintas. No son lo mismo.

El objetivo principal del seguro de decesos es prestar todos los servicios relacionados con el fallecimiento de una persona. Es decir, lleva a cabo las gestiones ligadas a un sepelio, como el certificado médico de defunción, el traslado o repatriación del cadáver, el féretro, el tanatorio, el coche fúnebre y de acompañamiento, la asistencia psicológica para los familiares, etc. Es un seguro que está pensado para que, cuando fallezcas, tus seres queridos no deban sumar quebraderos de cabeza al difícil trance que ya estarán pasando.

 

El seguro de vida riesgo, en cambio, no se ocupa del enterramiento en sí sino de paliar las consecuencias económicas que tiene el hecho de que ya no estés con los tuyos. Es un seguro que te permite dejar a tus familiares protegidos económicamente si a ti te pasa algo. En caso de que tú mueras, un seguro de vida entregará a las personas que tú decidas una cantidad de dinero fijada de antemano. Ese dinero puede servir para que tengan un colchón del que tirar en los próximos años o para atender deudas contraídas, como la hipoteca.

 

Además de la muerte, el seguro de vida puede cubrir otras circunstancias. En concreto, puente entrar en funcionamiento cuando el asegurado tiene un accidente o una enfermedad que deriva en incapacidad. Si el asegurado pasa a tener una incapacidad permanente o absoluta también puede recibir la indemnización pactada. El dinero del seguro ayuda así a la familia a asumir las dificultades sobrevenidas

 

Ten en cuenta que aquí hablamos en todo momento de seguros de vida-riesgo puros y duros. Recuerda que también existen otro tipo de seguros de vida, los de vida-ahorro. El objetivo de estos últimos seguros es que puedas ahorrar para que, llegado el momento, dispongas de un dinero para la jubilación o para acometer nuevos proyectos

 

Vicente parra